El verano invita a disfrutar del aire libre, compartir más tiempo con otras personas y realizar actividades diferentes. Eso sí, el aumento de las temperaturas también hace necesario adaptar algunas rutinas, especialmente en el caso de las personas mayores.
Mantener una hidratación adecuada, protegerse del sol, escoger las horas más frescas para salir y conservar una temperatura agradable en casa son medidas sencillas que pueden marcar una gran diferencia.
Los cuidados de las personas mayores en verano no deben centrarse únicamente en evitar los riesgos asociados al calor. También deben ayudar a mantener la autonomía, la actividad, las relaciones sociales y todas aquellas experiencias que aportan bienestar.
¿El objetivo? Disfrutar el verano de una manera segura, activa y adaptada a las necesidades de cada persona.
Aspectos clave sobre los cuidados de las personas mayores en verano
¿Por qué son importantes los cuidados de las personas mayores en verano?
Porque el organismo puede tener más dificultades para regular la temperatura corporal, percibir la sed y adaptarse a los episodios de calor intenso.
¿Cuáles son los principales cuidados para personas mayores en verano?
Mantener una hidratación frecuente, evitar las horas más calurosas, protegerse del sol, adaptar la alimentación y conservar frescos los espacios interiores.
¿Cómo afecta el calor a las personas mayores?
El calor puede provocar cansancio, mareos, debilidad, dolor de cabeza, desorientación o un empeoramiento de determinadas enfermedades previas.
¿Qué hábitos saludables ayudan a disfrutar del verano?
Beber líquidos regularmente, consumir alimentos frescos, mantener una actividad física adaptada, descansar bien y conservar el contacto con familiares y personas de confianza.
¿Las personas mayores pueden mantenerse activas durante el verano?
Sí. Los paseos, encuentros y actividades pueden mantenerse siempre que se adapten a los horarios, la intensidad, la duración y los espacios a la temperatura ambiental.
¿Por qué el calor afecta especialmente a las personas mayores?
El cuerpo cuenta con diferentes mecanismos para mantener una temperatura estable. Entre ellos se encuentran la sudoración, la circulación sanguínea y la sensación de sed, que impulsa a reponer los líquidos perdidos.
Con el paso de los años, algunos de estos mecanismos pueden responder con menor eficacia. La sensación de sed puede disminuir y el organismo puede tardar más en adaptarse a los cambios bruscos de temperatura.
Esto significa que una persona mayor puede necesitar beber aunque no manifieste tener sed. También puede estar empezando a sufrir los efectos del calor sin reconocer claramente lo que le sucede.
Las personas con enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales, diabetes, deterioro cognitivo, dificultades de movilidad o dependencia pueden presentar una vulnerabilidad mayor. La polimedicación y el aislamiento social también requieren una atención especial.
De hecho, el Ministerio de Sanidad incluye a las personas mayores y a quienes presentan enfermedades crónicas entre los grupos especialmente vulnerables frente a las altas temperaturas. Sus recomendaciones insisten en beber agua con regularidad, permanecer en lugares frescos y evitar la exposición directa durante las horas centrales del día.
Por este motivo, los cuidados deben comenzar antes de que aparezca el malestar. Adaptar las rutinas desde el inicio del verano permite anticiparse y reducir los riesgos.
Hidratación de las personas mayores en verano
Una hidratación frecuente es una de las principales medidas de prevención frente al calor. El agua debe estar accesible y ofrecerse varias veces a lo largo del día, sin esperar necesariamente a que la persona la solicite.
Puede ser útil asociar el consumo de líquidos a diferentes momentos de la rutina: al levantarse, con la medicación cuando esté indicado, durante las comidas, después de una actividad o a media tarde.
Los vasos deben resultar cómodos y fáciles de manipular. En algunos casos también puede ayudar ofrecer pequeñas cantidades con mayor frecuencia o presentar las bebidas a distintas temperaturas, según las preferencias personales.
El Ministerio de Sanidad recomienda beber agua con frecuencia, incluso cuando no se siente sed, y limitar las bebidas alcohólicas, con exceso de azúcar o cafeína durante los episodios de altas temperaturas.
Además del agua, determinadas frutas, verduras, cremas frías, caldos adaptados o preparaciones ricas en agua pueden complementar la hidratación. Eso sí, no deben sustituir por completo la ingesta de líquidos, especialmente ante el riesgo de deshidratación en personas mayores.
Las necesidades de hidratación no son iguales para todo el mundo. Las personas con insuficiencia cardíaca, enfermedad renal, disfagia o restricciones de líquidos deben seguir siempre las indicaciones de los profesionales sanitarios.

Alimentación fresca, equilibrada y adaptada
El calor puede reducir el apetito o hacer menos apetecibles determinados platos. Durante el verano suele ser conveniente ofrecer preparaciones ligeras, variadas y fáciles de digerir, sin descuidar el aporte nutricional.
Las frutas y verduras de temporada pueden contribuir a complementar la hidratación. El melón, la sandía, el melocotón, la naranja, el tomate, el pepino o el calabacín son algunos ejemplos, siempre que resulten adecuados para la persona.
También pueden incluirse ensaladas, gazpachos, cremas frías, yogures, compotas u otras preparaciones adaptadas. La variedad de colores, sabores y texturas ayuda a mantener el interés por la comida.
En lugar de concentrar la alimentación en comidas muy abundantes, puede resultar más cómodo distribuirla en varias tomas moderadas. Los platos especialmente copiosos o pesados pueden aumentar la sensación de cansancio durante las horas de más calor.
La textura de cada preparación debe adaptarse a las capacidades de masticación y deglución. También deben tenerse en cuenta posibles alergias, intolerancias, diabetes, problemas digestivos o necesidades nutricionales específicas.
En los centros de Colisée, los menús se adaptan a las necesidades, preferencias y situación individual de las personas, dentro de un modelo de alimentación equilibrada y personalizada.
Protección solar en personas mayores
La protección frente al sol no depende únicamente del uso de crema solar. La primera medida debe ser evitar las exposiciones prolongadas y reducir las actividades al aire libre durante las horas centrales del día.
Siempre que sea posible, conviene buscar zonas de sombra y utilizar prendas ligeras que cubran parte de la piel. Los sombreros de ala ancha y las gafas de sol homologadas ayudan a proteger la cabeza, el rostro y los ojos.
En las zonas expuestas debe aplicarse un protector solar adecuado al tipo de piel y a las condiciones de exposición. Es recomendable que ofrezca protección frente a la radiación UVA y UVB.
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios aconseja evitar la exposición directa aproximadamente entre las 12:00 y las 16:00, aplicar una cantidad suficiente de protector solar y renovarlo según las indicaciones del producto, especialmente después del baño, la sudoración o el secado con una toalla.
La crema solar no debe utilizarse como una forma de prolongar indefinidamente el tiempo al sol. Incluso con protección, la exposición debe ser moderada y adaptarse a las condiciones ambientales.
¿Cómo mantener la casa fresca durante el verano?
Una vivienda puede acumular gran cantidad de calor durante el día, especialmente cuando recibe radiación solar directa o no dispone de una ventilación adecuada.
Durante las horas más calurosas, conviene bajar persianas, cerrar cortinas o desplegar toldos en las ventanas expuestas al sol. También puede ser útil apagar los aparatos eléctricos que no se estén utilizando.
La ventilación resulta más efectiva cuando la temperatura exterior ha descendido. Abrir las ventanas a primera hora de la mañana o durante la noche ayuda a renovar el aire y refrescar las habitaciones.
En el dormitorio pueden utilizarse sábanas y prendas ligeras y transpirables. Una ducha templada o fresca también puede ayudar a reducir la sensación de calor antes de descansar.
Es más, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda aprovechar el aire nocturno, reducir la entrada de calor durante el día mediante persianas o cortinas y permanecer, cuando sea necesario, en lugares frescos o climatizados.
Un ventilador puede mejorar la sensación de confort, pero no siempre es suficiente cuando la temperatura interior es muy elevada. En esas circunstancias, puede ser necesario trasladarse durante unas horas a una estancia más fresca.
Adaptar los paseos y la actividad física
El calor no significa que las personas mayores deban dejar de moverse. La actividad física adaptada continúa siendo importante para preservar la movilidad, la fuerza, el equilibrio, la autonomía y el bienestar emocional.
La principal medida consiste en modificar el horario. Los paseos pueden realizarse a primera hora de la mañana o al final de la tarde, siempre que la temperatura haya descendido.
También es posible sustituir temporalmente las actividades al aire libre por ejercicios suaves en espacios interiores frescos y ventilados. La intensidad debe adaptarse al estado de salud y a las capacidades de cada persona.
Durante la actividad conviene llevar agua, vestir prendas ligeras y utilizar un calzado cómodo que sujete adecuadamente el pie. También deben planificarse pausas y zonas de descanso. Lógicamente, la actividad debe interrumpirse ante cualquier sensación de mareo, debilidad, dolor de cabeza, falta de aire, desorientación o cansancio inusual.
La OMS recomienda evitar salir y realizar actividades intensas durante las horas más calurosas que hemos detallado anteriormente, mantenerse en la sombra y consultar los avisos oficiales cuando se producen episodios de extremo calor.
Descanso y bienestar durante las noches calurosas
Las temperaturas nocturnas elevadas pueden dificultar el descanso y provocar cansancio, irritabilidad o somnolencia durante el día. Para favorecer el sueño, conviene mantener el dormitorio ventilado, utilizar ropa de cama ligera y evitar que la estancia acumule calor durante las horas centrales.
También es recomendable mantener unos horarios relativamente estables, realizar cenas ligeras y reducir las actividades intensas antes de acostarse. Las personas que se levantan durante la noche deben disponer de una iluminación suficiente y de un recorrido libre de obstáculos. El cansancio y la desorientación pueden incrementar el riesgo de caídas.
Cuando el calor impide dormir durante varias noches o se observan cambios significativos en el comportamiento, la atención o el estado general, conviene consultarlo con un profesional sanitario.
Medicación y calor, ¿por qué se necesita una atención especial?
Algunos medicamentos pueden influir en la hidratación, la función renal, la presión arterial, la sudoración o la capacidad del organismo para regular su temperatura.
Esto no significa que el tratamiento deba modificarse durante el verano. Suspender, reducir o cambiar una medicación sin supervisión puede suponer un riesgo importante.
La AEMPS señala que las altas temperaturas requieren especial atención en los tratamientos prolongados y en las personas polimedicadas, principalmente cuando se trata de personas de edad avanzada.
Ante una ola de calor, la aparición de síntomas o cualquier duda relacionada con el tratamiento, debe consultarse con el personal médico, de enfermería o de farmacia.
También es importante revisar las condiciones de conservación indicadas en el envase y el prospecto. Los medicamentos deben mantenerse alejados de fuentes directas de calor y nunca deben dejarse durante horas en el interior de un vehículo.
Una rutina diaria para prevenir los efectos del calor
La prevención resulta más sencilla cuando se integra en los hábitos cotidianos. En Colisée hemos preparado la siguiente tabla que recoge algunas medidas orientativas para distintos momentos del día.
| Momento del día | Medida preventiva | ¿Qué conviene observar? |
|---|---|---|
| Al levantarse | Ofrecer agua y ventilar mientras la temperatura exterior sea agradable. | Sequedad de boca, cansancio o dolor de cabeza. |
| Durante la mañana | Realizar paseos o actividades antes de que aumente el calor. | Fatiga, mareo o dificultad para caminar. |
| En las comidas | Incluir líquidos y alimentos frescos adaptados. | Falta de apetito, rechazo de líquidos o dificultad para tragar. |
| Horas centrales | Permanecer en un espacio fresco y evitar el sol directo. | Somnolencia, irritabilidad, debilidad o confusión. |
| Actividades exteriores | Utilizar sombra, sombrero, gafas y protección solar. | Enrojecimiento de la piel, sudoración intensa o malestar. |
| Al final de la tarde | Volver a ofrecer líquidos y adaptar la actividad a la temperatura. | Cansancio inusual, dolor de cabeza o desorientación. |
| Durante la noche | Ventilar, utilizar ropa de cama ligera y dejar agua accesible. | Dificultad para dormir o mayor riesgo de caídas. |
| En una ola de calor | Aumentar el seguimiento y consultar los avisos oficiales. | Empeoramiento de enfermedades o cambios en el estado general. |
Esta rutina debe adaptarse al estado de salud, el nivel de autonomía, las preferencias y las indicaciones sanitarias de cada persona.
Señales de que el calor está afectando a una persona mayor
Los efectos del calor no siempre aparecen de forma repentina. En ocasiones comienzan con molestias leves que pueden pasar desapercibidas o confundirse con el cansancio habitual.
Entre las primeras señales pueden aparecer sed intensa, sequedad de boca, debilidad, dolor de cabeza, mareo, calambres, irritabilidad, menor cantidad de orina o somnolencia.
Ante estos síntomas, la persona debe interrumpir la actividad y trasladarse a un lugar fresco. También conviene aflojar las prendas, refrescar la piel y ofrecer pequeños sorbos de agua cuando esté consciente y pueda tragar con seguridad.
La confusión intensa, la desorientación, la pérdida de conciencia, las convulsiones o una temperatura corporal muy elevada pueden indicar una situación grave. En esos casos debe llamarse inmediatamente al 112, trasladar a la persona a un lugar fresco y comenzar a refrescarla mientras llega la asistencia. No deben ofrecerse líquidos a una persona inconsciente o con una alteración importante del nivel de consciencia.
La OMS advierte de que el calor puede provocar agotamiento, deshidratación y golpe de calor, además de agravar enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales o de salud mental.
¿Quieres ampliar esta información? Te invitamos a leer nuestro artículo “Golpe de calor en adultos mayores: síntomas y cómo actuar”.
Acompañar a las personas mayores que viven solas
Las personas mayores que viven solas pueden necesitar un seguimiento especial durante los episodios de temperaturas elevadas.
Una llamada diaria, una visita o la comprobación de que tienen agua, alimentos y una estancia fresca puede ayudar a detectar cualquier dificultad a tiempo. También es recomendable acordar una forma sencilla de pedir ayuda y dejar visibles los teléfonos de familiares, personas de confianza y servicios de emergencia.
Cuando exista deterioro cognitivo, problemas de movilidad o dificultad para expresar el malestar, el acompañamiento deberá ser más frecuente y adaptado.
Consultar los avisos antes de organizar el día
No todos los días de verano presentan el mismo nivel de riesgo. Consultar la previsión y los avisos oficiales permite decidir con antelación cuándo salir, qué actividades aplazar o qué medidas reforzar.
De hecho, el Ministerio de Sanidad dispone del sistema Meteosalud, que informa sobre los niveles de riesgo por altas temperaturas en diferentes zonas geográficas. También permite recibir avisos relacionados con el área seleccionada.
En los días con niveles elevados puede ser necesario:
- Reforzar la hidratación.
- aumentar el acompañamiento.
- Pasar más tiempo en espacios climatizados.
- Cancelar determinadas actividades exteriores.
La prevención debe adaptarse a la temperatura real, pero también al estado de salud y a las circunstancias particulares de cada persona.
Disfrutar del verano con bienestar y acompañamiento
Cómo decíamos al principio, prevenir los efectos del calor no significa convertir el verano en una época de aislamiento o inactividad. Con una buena planificación, es posible seguir disfrutando de paseos, encuentros familiares, actividades culturales, talleres, celebraciones y momentos al aire libre.
Adaptar una actividad al horario, reducir su duración, incorporar descansos o trasladarla a una zona sombreada o climatizada permite mantener la participación sin renunciar a la seguridad.
También pueden proponerse experiencias vinculadas con la propia estación, como preparar una receta fresca, cuidar las plantas, escuchar música en el jardín, recordar veranos pasados o compartir una merienda en familia.
La elección debe partir siempre de las preferencias, capacidades y deseos de cada persona. Adaptar no significa decidir por ella, sino crear las condiciones necesarias para que pueda continuar participando, relacionándose y disfrutando de aquello que aporta sentido a su día a día.
En los centros de Colisée, este equilibrio forma parte del acompañamiento cotidiano. Los horarios, las actividades, la alimentación y el uso de los espacios se ajustan a las condiciones ambientales y a las necesidades individuales de cada residente.
Los equipos profesionales prestan atención a la hidratación, el confort térmico, la protección solar y las posibles señales de malestar, respetando al mismo tiempo los ritmos, las preferencias y la autonomía de cada persona.
Porque cuidar durante el verano no consiste únicamente en evitar el calor. También significa acompañar, escuchar, compartir y crear oportunidades para continuar siendo quien uno es. Plenamente.

FAQ
¿Qué hacer si una persona mayor no quiere beber agua?
Se pueden ofrecer pequeñas cantidades con mayor frecuencia, probar distintas temperaturas o utilizar un vaso más cómodo. También puede complementarse la hidratación con alimentos ricos en agua, siempre respetando las indicaciones médicas y las dificultades de deglución.
¿Un ventilador es suficiente durante una ola de calor?
Depende de la temperatura interior y del estado de la persona. Puede mejorar la sensación de confort, pero cuando el ambiente es muy caluroso, puede ser necesario acceder a un espacio más fresco o climatizado.
¿Se debe cambiar la medicación cuando hace mucho calor?
No. Ningún tratamiento debe modificarse, reducirse o suspenderse sin la indicación de un profesional sanitario. Ante síntomas o dudas, debe consultarse con el personal médico, de enfermería o de farmacia.
¿Qué ropa es más adecuada para las personas mayores en verano?
Son recomendables las prendas ligeras, holgadas y transpirables. Para salir al exterior también conviene utilizar sombrero, gafas de sol y un calzado cómodo que sujete correctamente el pie.
¿Cómo se puede ayudar a una persona mayor que vive sola?
Es aconsejable mantener un contacto frecuente, comprobar que dispone de agua y alimentos, revisar la temperatura de la vivienda y acordar una forma sencilla de pedir ayuda.
¿Cuándo hay que llamar al 112 por un problema relacionado con el calor?
Debe llamarse ante pérdida de conciencia, convulsiones, confusión intensa, desorientación grave, temperatura corporal muy elevada o un empeoramiento rápido del estado general.