A veces, un cambio de comportamiento en una persona mayor aparece de forma progresiva. Otras veces, surge de manera repentina y desconcierta tanto a la familia como al entorno profesional.

Detrás de una persona mayor siempre enfadada, de episodios de agresividad o de conductas que antes no existían, suele haber mucho más que “mal carácter” o “cosas de la edad”. En muchos casos, estos cambios son una forma de expresar malestar, miedo, dolor o confusión.

Comprender qué hay detrás de los trastornos de conducta en personas mayores es clave para acompañar mejor, reducir el sufrimiento y ofrecer una atención más adecuada.

Aspectos clave de los trastornos de conducta en personas mayores

¿Qué son los trastornos de conducta en personas mayores?

Son cambios persistentes en el comportamiento que afectan al bienestar y no encajan con la personalidad previa de la persona.

¿Por qué los adultos mayores se ponen agresivos?

La agresividad puede estar relacionada con miedo, dolor, desorientación, ansiedad o deterioro cognitivo.

¿Es normal que una persona mayor esté siempre enfadada?

No siempre. Puede existir depresión, duelo, frustración o alguna enfermedad que esté afectando a su estado emocional.

¿Los adultos mayores agresivos siempre tienen demencia?

No. También pueden influir causas médicas, psicológicas o sociales.

¿Cuándo hay que buscar ayuda profesional?

Cuando los cambios de conducta son bruscos, frecuentes o afectan a la seguridad y calidad de vida de la persona.

Tipos de trastornos de conducta en personas mayores

Conductas disruptivas o agresivas

Incluyen gritos, insultos, amenazas, rechazo de cuidados o agresiones físicas.

Suelen aparecer cuando la persona no comprende qué le ocurre, se siente invadida o percibe que ha perdido el control de la situación.

Síntomas emocionales o afectivos

La tristeza persistente, la irritabilidad constante, el miedo o la ansiedad son frecuentes en muchas personas mayores.

Estos síntomas pueden estar relacionados con depresión, duelo, pérdidas recientes o sensación de dependencia.

Apatía y pasividad

Algunas personas dejan de mostrar interés por actividades que antes disfrutaban.

La falta de iniciativa, el aislamiento o el abandono de rutinas pueden indicar apatía, un síntoma habitual en determinados procesos neurodegenerativos y depresivos.

Desinhibición

Consiste en realizar comentarios inapropiados, actuar de forma impulsiva o perder el filtro social.

Es frecuente en determinadas demencias que afectan a las áreas cerebrales relacionadas con el control del comportamiento.

Alteraciones psicóticas

Las alucinaciones o delirios pueden aparecer en fases avanzadas de deterioro cognitivo o como consecuencia de infecciones y determinados medicamentos.

La persona puede creer que le roban, escuchar voces o ver cosas que no existen.

Trastornos del sueño y conducta nocturna

El insomnio, la deambulación nocturna o la alteración del ciclo sueño-vigilia afectan tanto a la persona como a quienes la cuidan.

Además, aumentan el riesgo de caídas y desorientación.

Principales causas de los trastornos de conducta

Causas neurológicas

Enfermedades como Alzheimer, Parkinson, ictus o lesiones cerebrales pueden alterar las áreas responsables del control emocional y conductual.

Causas médicas

Las infecciones, especialmente las urinarias, el dolor no tratado, algunos problemas metabólicos o los efectos secundarios de medicamentos pueden provocar cambios importantes en la conducta.

Cuando la alteración aparece de forma brusca, puede tratarse de un síndrome confusional agudo o delirium, una situación que requiere atención médica inmediata.

Causas psicológicas

La depresión, la ansiedad o el duelo son factores muy frecuentes y, en muchos casos, infradiagnosticados en personas mayores.

Factores sociales y ambientales

La soledad no deseada, los cambios de rutina, la falta de estímulos o los entornos poco adaptados también influyen directamente en el bienestar emocional y conductual.

¿Cómo actuar ante los trastornos de conducta en personas mayores?

Comprender el origen de la conducta

Toda conducta tiene un motivo. 

Detrás de la agresividad puede existir miedo o dolor. Detrás de la negativa a comer puede haber depresión, dificultad física o desorientación.

La clave está en intentar interpretar qué necesita la persona, en lugar de limitarse a corregir el comportamiento.

Mantener una comunicación tranquila y sencilla

Hablar despacio, utilizar frases simples y mantener contacto visual ayuda a reducir la ansiedad. También es importante evitar discusiones constantes o confrontaciones innecesarias.

En lugar de decir “eso no es verdad”, suele funcionar mejor responder: “Entiendo que esto te preocupa, vamos a verlo juntos”.

Adaptar el entorno

Los espacios seguros, bien iluminados y con rutinas estables favorecen la tranquilidad y reducen la confusión.

Los entornos previsibles ayudan a disminuir el estrés y la sobreestimulación.

Priorizar intervenciones no farmacológicas

El ejercicio suave, la música, la terapia ocupacional, la reminiscencia o la estimulación cognitiva suelen ser estrategias muy beneficiosas.

Siempre que sea posible, estas intervenciones deben ser la primera opción.

Tratamiento farmacológico

La medicación debe utilizarse únicamente cuando exista riesgo para la persona o para terceros y cuando otras medidas no hayan funcionado. Además, siempre debe estar supervisada por profesionales sanitarios.

Cuidar también al cuidador

El desgaste emocional de las familias y cuidadores es muy frecuente.

Contar con apoyo psicológico, formación y momentos de descanso resulta fundamental para mantener una buena calidad de atención.

Señales de alerta que requieren atención profesional

Es importante buscar ayuda profesional inmediata cuando aparecen:

  • Caídas frecuentes.
  • Alucinaciones nuevas.
  • Confusión intensa repentina.
  • Rechazo total de comida o medicación.
  • Cambios bruscos de conducta en pocas horas o días.

Comprender para acompañar mejor

Los trastornos de conducta en personas mayores necesitan un abordaje integral que tenga en cuenta la salud física, emocional y social de cada persona.

En muchas ocasiones, la conducta se convierte en una manera de expresar aquello que ya no pueden comunicar con claridad. Comprender ese mensaje permite intervenir desde la empatía, la calma y el acompañamiento.

En Colisée trabajamos desde un modelo de atención centrado en la persona, adaptándonos a cada realidad, cada historia y cada necesidad para favorecer el bienestar emocional y la calidad de vida de las personas mayores y sus familias.

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FAQ

¿Los trastornos de conducta pueden aparecer de forma repentina?

Sí. Algunos cambios bruscos pueden estar relacionados con infecciones, efectos secundarios de medicamentos o cuadros de confusión aguda que requieren valoración médica.

¿Cómo influye la soledad en el comportamiento de las personas mayores?

La falta de compañía y de estímulos puede aumentar la irritabilidad, la apatía, la ansiedad o el aislamiento emocional.

¿Qué situaciones suelen empeorar las alteraciones de conducta?

Los cambios de rutina, los entornos con demasiado ruido, la falta de descanso o las discusiones frecuentes pueden aumentar el malestar y la desorientación.

¿Las alteraciones del sueño afectan al comportamiento durante el día?

Sí. Dormir mal puede provocar más cansancio, irritabilidad, confusión y dificultad para gestionar las emociones.

¿Qué profesionales intervienen en estos casos?

El abordaje suele realizarse de forma conjunta entre médicos, psicólogos, terapeutas ocupacionales y profesionales especializados en atención a personas mayores.

¿Las actividades diarias ayudan a reducir estos trastornos?

Sí. Mantener rutinas, realizar ejercicio adaptado y participar en actividades cognitivas o sociales puede favorecer el bienestar emocional.