A veces, basta una visita inesperada para cambiar el ritmo de una mañana. Un perro que se acerca buscando una caricia, una mirada que despierta un recuerdo o una conversación que comienza casi sin darse cuenta.
La terapia con animales aprovecha precisamente esa capacidad de los animales para facilitar vínculos, despertar emociones y generar momentos de conexión. En el ámbito de las personas mayores, estas intervenciones pueden convertirse en un recurso complementario para trabajar diferentes dimensiones del bienestar desde una experiencia cercana, estimulante y, sobre todo, significativa.
¿Qué es la terapia con animales?
La terapia asistida con animales forma parte de las intervenciones en las que la relación entre una persona y un animal se incorpora de manera intencionada para favorecer determinados objetivos.
No se trata únicamente de recibir la visita de una mascota. Cuando hablamos específicamente de terapia, existe una planificación, unos objetivos definidos y profesionales que orientan y evalúan la intervención.
Actualmente, organismos internacionales especializados utilizan un concepto más amplio, el de servicios asistidos con animales, que puede englobar intervenciones relacionadas con el tratamiento, la educación o diferentes programas de apoyo. En todos ellos debe tenerse en cuenta tanto el bienestar de las personas participantes como el del propio animal.
Dependiendo de la actividad y sus objetivos, durante una sesión se puede acariciar al animal, cepillarlo, darle indicaciones, acompañarlo en pequeños recorridos, hablar sobre él o participar en diferentes dinámicas.
Lo realmente importante no es únicamente lo que sucede entre la persona y el animal, sino todo lo que esa interacción puede poner en marcha.
¿Por qué los animales consiguen conectar con nosotros de una manera tan especial?
Los animales no preguntan la edad, no juzgan cómo hablamos ni tienen expectativas sobre lo que una persona sería capaz de hacer. Simplemente están presentes.
Esa forma de relacionarse puede generar un entorno especialmente espontáneo. Una caricia puede iniciar una conversación; reconocer una raza puede llevar a recordar una mascota de la infancia; llamar al animal puede convertirse en un ejercicio de comunicación, y jugar con él puede animarnos a movernos casi sin pensar que estamos realizando una actividad.
Por eso, en muchas ocasiones, el animal actúa como un facilitador.
No sustituye el acompañamiento profesional ni otras intervenciones terapéuticas, sino que ofrece una manera diferente de acercarse a determinados objetivos.


Beneficios de la terapia con animales en personas mayores
Las investigaciones realizadas durante los últimos años han estudiado la influencia de las intervenciones asistidas con animales en aspectos emocionales, sociales, cognitivos y físicos.
Aunque sus resultados dependen del tipo de intervención y de las características de cada persona, las revisiones científicas disponibles apuntan a efectos prometedores en diferentes áreas.
Una revisión y metaanálisis publicada en 2026, por ejemplo, observó mejoras en síntomas depresivos y función cognitiva en personas mayores, aunque sus autores señalan que la certeza de la evidencia continúa siendo baja o muy baja para varios de los resultados analizados.
Una oportunidad para conectar y relacionarse
Cuando aparece un animal, muchas veces aparece también un tema sobre el que hablar.
Surgen preguntas, comentarios, recuerdos y pequeñas conversaciones entre quienes participan en la actividad. El animal puede convertirse así en un punto de encuentro que favorezca la interacción.
La investigación sobre intervenciones asistidas con animales en personas con demencia también ha identificado resultados positivos relacionados con la interacción social en distintos estudios.
Pero esa conexión no tiene por qué producirse únicamente entre personas. Para alguien que ha convivido con animales durante gran parte de su vida, volver a acariciar uno, escuchar sus sonidos o simplemente observarlo puede recuperar sensaciones que forman parte de su propia historia.
Emociones que encuentran una forma de expresarse
Una sesión puede generar alegría, curiosidad, ternura o sorpresa. Y, en ocasiones, también puede abrir la puerta a recuerdos y emociones que quizá no aparecen con tanta facilidad en otros contextos.
Por eso, la terapia con animales para personas mayores puede convertirse en una herramienta complementaria para crear espacios agradables y favorecer experiencias emocionalmente significativas.
La evidencia científica ha relacionado este tipo de intervenciones con posibles mejoras en diferentes indicadores de bienestar y calidad de vida, aunque todavía es necesario seguir investigando para determinar qué programas, frecuencias y perfiles de participantes obtienen mayores beneficios.
Estimular la mente desde una experiencia cotidiana
¿Cómo se llama?, ¿qué edad tiene?, ¿de qué raza es?, ¿teníamos algún animal parecido cuando éramos pequeños? La interacción ofrece multitud de posibilidades para estimular diferentes capacidades.
Recordar el nombre del animal, seguir una secuencia para cepillarlo, prestar atención a sus movimientos, darle una instrucción o conversar sobre experiencias pasadas puede trabajar aspectos como la atención, el lenguaje, la memoria o la orientación.
La diferencia es que estos pequeños retos aparecen integrados dentro de una experiencia que puede resultar especialmente motivadora.
También nos invita a movernos
El contacto con los animales puede incorporar movimientos de manera muy natural.
Lanzar una pelota, extender el brazo para acariciar, cepillar, caminar unos pasos junto al animal o participar en determinados juegos son acciones sencillas que pueden integrarse, siempre de manera adaptada, dentro de las actividades propuestas.
El objetivo nunca es que todas las personas hagan lo mismo, sino encontrar la forma de participación que tenga sentido para cada una.
Porque también se puede participar observando, hablando, recordando o simplemente disfrutando de la presencia del animal.
Dar y recibir amor
Ana Güimil, pionera de las Intervenciones Asistidas con Animales en España, plasma en su libro Mis animales de terapia: cinco historias sanadoras el impacto de este amor incondicional. Los animales no juzgan ni exigen; simplemente aceptan. Esta pureza crea un espacio seguro donde el lado más sensible, afectuoso y emocional de nuestros mayores aflora con total libertad.
En sus sesiones, Güimil suele preguntar a los residentes qué consejo vital regalarían a las nuevas generaciones. Respuestas como la de Manuel nos devuelven a lo esencial: «El consejo que te doy es que ames con todo tu ser, sinceramente, sin reservas; e intentes extenderlo a todo el mundo». Sin duda, los animales nos brindan una oportunidad única para recordar cómo se siente amar y ser amado.
No todas las personas viven esta experiencia de la misma manera
Hay quien ha convivido toda la vida con perros o gatos y siente una conexión inmediata. Otras personas pueden no estar acostumbradas a ellos, sentir cierta inseguridad o, sencillamente, no tener interés.
Y todas esas respuestas son válidas. Trabajar desde un modelo centrado en la persona significa también respetar preferencias, historias de vida y decisiones.
Por eso, antes de cualquier intervención, deben valorarse cuestiones como posibles alergias, miedos, características individuales o la idoneidad de la actividad. Del mismo modo, debe garantizarse en todo momento el bienestar del animal, con espacios, tiempos y condiciones adecuadas para su participación.
Las recomendaciones internacionales sobre este tipo de intervenciones insisten precisamente en proteger a ambas partes de la relación.
Cuando una visita se convierte en un momento esperado
Precisamente, una de las posibilidades más interesantes de estas iniciativas es introducirlas en la vida cotidiana de nuestros centros de maneras diferentes.
En Colisée Torre del Ángel, por ejemplo, este verano se puso en marcha el proyecto “Mascoticas”. Cada quince días, el centro recibe la visita de una mascota diferente vinculada a residentes, familias o profesionales. Esto significa que cada encuentro puede ser distinto.
Una nueva mascota supone descubrir una nueva historia, observar otras formas de relacionarse y generar conversaciones diferentes. Pero también permite que algo tan personal como el vínculo con un animal forme parte de la vida compartida en el centro.
La experiencia está siendo muy positiva y muestra algo que va más allá de organizar una actividad: cuando abrimos espacio a aquello que forma parte de la vida de las personas, aparecen nuevas maneras de conectar.









Terapia con animales y atención centrada en la persona
En Colisée entendemos el bienestar desde una perspectiva integral.
Cuidar también significa conocer qué despierta interés en cada persona, qué le hace participar, qué conecta con sus recuerdos y qué consigue que un día tenga algo diferente.
Por eso, las intervenciones y actividades con animales pueden convertirse en una herramienta más dentro de un acompañamiento que tiene en cuenta la historia de vida, las capacidades, las preferencias y el momento de cada persona.
Porque detrás de cada caricia puede haber estimulación. Detrás de una conversación puede haber memoria. Y detrás de una visita aparentemente sencilla puede haber algo todavía más importante: un momento que merece la pena vivir.

FAQ
¿Qué animales se utilizan en la terapia asistida con animales?
Los perros son uno de los animales más utilizados en este tipo de intervenciones, aunque no son los únicos. Dependiendo del programa y de sus objetivos, pueden participar otros animales, siempre que sus características sean adecuadas y se garantice su bienestar.
¿La terapia con animales está indicada para todas las personas mayores?
No necesariamente. Cada persona tiene preferencias, necesidades y experiencias diferentes. Antes de participar, deben valorarse factores como alergias, miedo a los animales, interés por la actividad y cualquier otra circunstancia relevante.
¿Qué se trabaja en una sesión de terapia con animales?
Depende de los objetivos definidos. Las actividades pueden orientarse hacia la interacción social, la comunicación, la estimulación cognitiva, el movimiento, la expresión emocional o simplemente hacia la generación de experiencias agradables y significativas.
¿Terapia con animales y actividades con animales son lo mismo?
No exactamente. En una terapia asistida con animales existen objetivos terapéuticos definidos y una intervención planificada por profesionales. También pueden desarrollarse actividades y programas asistidos con animales con finalidades sociales, educativas o de bienestar que no constituyen propiamente una terapia.
¿Qué beneficios tiene la terapia con perros para personas mayores?
Los estudios han analizado posibles efectos en ámbitos como el estado emocional, la interacción social, la función cognitiva, la actividad o la calidad de vida. Los resultados son prometedores en diferentes áreas, aunque los efectos pueden variar según la persona y las características de cada intervención.