La vida en una residencia de ancianos y el ingreso en el centro pueden convertirse en procesos muchos más sencillos gracias al trabajo conjunto de la familia, los profesionales sociosanitarios y la propia residencia. Sabemos que no es una decisión fácil ni para la persona mayor ni para sus familiares, por lo que se trata de un cambio que requiere esfuerzos de todas las partes implicadas.

Estos tres agentes son claves en el proceso de adaptación en centros residenciales para personas mayores. En el modelo asistencial de Grupo Colisée apostamos por la Atención Centrada en la Persona, donde familiares implicados y sensibilizados y profesionales involucrados y partícipes, facilitan la vida en una residencia de ancianos, como por ejemplo en la Residencia STS Las Cármenes o la Residencia La Saleta Villagonzalo.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que el entramado social actual genera multitud de obstáculos a los familiares para cuidar de sus mayores, y sumado al destacado aumento en la esperanza de vida, hace que el ingreso en una residencia de ancianos se convierta en una gran alternativa para garantizar los cuidados y la atención.

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El envejecimiento de los españoles es una realidad, ya que actualmente el 19% de la población tiene más de 64 años. A partir de esa edad, la esperanza de vida media es de 22 años, pero solo un 53% de ese tiempo es en condiciones saludables, es decir, se vive más, pero la edad tiene asociado un deterioro que requiere de unos cuidados específicos, según recoge el informe de la Federación Empresarial de Dependencia (FED) titulado Radiografía del sector de las residencias para la tercera edad en España

Este estudio, además, arroja que los cambios sociales y laborales de las últimas décadas han transformado la estructura de las familias y hogares. “Una de cada cuatro personas mayores de 64 vive sola, y una de cada tres se reúne con amigos con una frecuencia mensual o inferior. Actualmente, el 17% de los hombres y el 25% de las mujeres de más de 80 años viven en residencias para la tercera edad”, explica la FED.

Una vez decidido el ingreso en la residencia de ancianos entran en juego tres puntos importantes, como son el apoyo a la familia en la toma de decisiones ante el ingreso de la persona en el centro desde la clave de la desculpabilización; sentar las bases de una buena colaboración, y ajustar expectativas sobre la atención que ofrece el centro, según recoge el informe “El Papel de los familiares en las residencias de mayores” de la Consejería de Bienestar del Principado de Asturias.

Profesionales y sus funciones clave: ¿Qué se hace en una residencia de ancianos?

En el proceso de adaptación en centros residenciales para personas mayores, además del papel de la familia, los profesionales sociosanitarios también tienen mucho peso, puesto que son protagonistas en la vida en una residencia de ancianos. La línea de trabajo profesional del Grupo Colisée se centra en el conocimiento de la persona, fomento de la autonomía, trato personalizado, protección del bienestar físico, promoción de la independencia y protección de la intimidad. 

Además, los profesionales son grandes partícipes de convertir la vida en una residencia de ancianos en una experiencia favorable como contexto de un envejecimiento saludable y activo combinando sus destrezas profesionales con una alta carga de humanidad para que el afecto sea protagonista en el día a día de nuestros mayores.

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El proceso de adaptación

Tras el ingreso en una residencia de ancianos del Grupo Colisée la persona participa en la configuración de su marco asistencial, orientando con la expresión de sus deseos y voluntades la concreción de su proyecto vital. Con esta personalización de la atención se persigue cumplir uno de los pilares básicos del modelo asistencial del Grupo Colisée, como es el reconocimiento de cada persona como ser singular y valioso.

Dentro del modelo de Atención Centrada en la Persona, hoja de ruta que guía el modelo de Grupo Colisée, toma especial protagonismo la figura del trabajador social debido a que este profesional hará más fácil la llegada del usuario. El trabajador social será un vehículo de integración de la persona mayor en todo lo relacionado con la rutina diaria en una residencia de ancianos. Uno de los primeros pasos que más ayudan en el aterrizaje en una residencia es el conocimiento de la biografía personal del usuario -sus gustos, sus intereses, lo que hacía en su día a día antes de ingresar-, para posteriormente conseguir adaptar esto a su vida en el centro y así poder desarrollar programas y planes de atención integrales cuyo objetivo es garantizar la calidad de vida y el bienestar personal.

Las estimaciones apuntan a que el proceso de adaptación a la vida en una residencia de ancianos tiene una duración aproximada de 90 días, periodo en el que el usuario establece relaciones de convivencias con otros mayores, conoce el funcionamiento del centro y el lazo afectivo con los profesionales socio sanitarios ya se ha fraguado. La vida en el nuevo hogar ha comenzado, y de aquí en adelante, la única obligación es ser feliz.  

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