Las personas que sufren enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer pasan por todo tipo de estados emocionales, desde la confusión generada por la falta de capacidad para tomar decisiones hasta la tristeza causada por ser conscientes de sufrir la patología. En este sentido, garantizar su bienestar tanto físico como cognitivo resulta primordial para mantener su calidad de vida.

Según el Plan Integral de Alzheimer y otras Demencias 2019-2023 elaborado por el Ministerio de Sanidad del Gobierno de España, hacer frente a las demencias es una prioridad de salud pública, ya que se ha convertido en la gran pandemia silenciosa del siglo XXI. Y es que, en base a los datos de la OMS de 2015, el Alzheimer y otras demencias afectan a 47 millones de personas en todo el mundo, una cifra que ascenderá hasta los 132 millones en 2050. Concretamente, en España, son más de 700.000 los ciudadanos afectados por este tipo de enfermedades, una tasa que se habrá duplicado en 2050, alcanzando los 2 millones.

Por ello, cuidar de la salud física y mental de quienes sufren Alzheimer así como de las familias y de los cuidadores que les rodean es una prioridad que compromete a toda la sociedad, mediante una atención sanitaria y social adecuada y ajustada a cada caso. A continuación, hablamos de cómo garantizar el bienestar emocional de todos los afectados como uno de los temas más trascendentales de la salud pública.

El bienestar de las personas que sufren Alzheimer

Los enfermos afectados por las patologías neurodegenerativas como la demencia o el Alzheimer pasan por distintas fases en las que la percepción del entorno, su conducta y sus sentimientos se van transformando.

alzheimer residencia

En la etapa temprana del desarrollo de la enfermedad, también conocida como fase de Alzheimer leve, aunque las personas son independientes y pueden seguir realizando actividades cotidianas,episodios de pérdida de memoria, como la dificultad para encontrar una determinada palabra o la retención del nombre de una nueva persona, empiezan a manifestarse. En este primer estadio, tanto el propio afectado como su entorno son conscientes de estos episodios, y como consecuencia, su autoestima puede verse perjudicada.

La segunda etapa, conocida como Alzheimer moderado, suele ser la más larga y en la que el Alzheimer avanza en un mayor grado. Es precisamente cuando los enfermos requieren de una mayor atención y supervisión, puesto que la patología empieza a afectar a la realización de tareas cotidianas debido a la desorientación,  la confusión y los comportamientos anómalos. En la fase moderada, suelen aflorar sentimientos como el enfado y la frustración. 

El Alzheimer grave, es decir, la etapa final de la enfermedad, contempla la pérdida de la capacidad de responder al entorno, la dificultad para comunicarse y los cambios tanto físicos como de la personalidad de la persona afectada. En este momento la asistencia debe ser continua, ya que los enfermos se convierten en personas completamente dependientes y necesitan de la supervisión directa y cuidados específicos para realizar cualquier actividad así como para mantener su aseo personal. 

Es imprescindible que, a lo largo de cada una de las etapas, a pesar de que quienes sufren Alzheimer sean conscientes de sus limitaciones y se presenten muchas dificultades, se refuerce su valor humano en todo momento a través de la empatía, el cariño, el afecto y la paciencia. Además, dejar a un lado las etiquetas como “demente” o “incapacitado”, ayudarán a mejorar su autestima, y por ende, su calidad de vida y su bienestar.

El bienestar de las familias y los cuidadores

También es vital pensar en el bienestar de los familiares y cuidadores de la persona con Alzheimer u otro tipo de demencia. ¿Cómo deben hacer frente a esta compleja situación? Es evidente que cuidar de alguien que padece Alzheimer no es fácil y requiere mucha fuerza para enfrentarse a nuevos retos. Además, en muchas ocasiones, puede llevar a la infravaloración de uno mismo por el surgimiento de diversos sentimientos negativos.

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Una de las emociones que aparece con mayor frecuencia en el círculo familiar de los enfermos de Alzheimer es la frustración, surgida, por ejemplo, a raíz de un comportamiento inadecuado e inesperado por parte del enfermo. Por otro lado, la culpabilidad puede ser otro sentimiento habitual en los cuidadores. Este sentimiento puede darse, por ejemplo, por reaccionar mal a una acción del enfermo. Por último, la tristeza y el dolor, generados por vivir en primera persona la pérdida de las capacidades cognitivas de un ser querido afectado por el Alzheimer, son emociones muy comunes entre familiares y cuidadores. 

No obstante, es importante que el entorno del paciente se mantenga estable y positivo para poder sobrellevar la enfermedad de la mejor manera posible. Y es que, cabe destacar que el contagio emocional aumenta en pacientes con Alzheimer: estos imitan las emociones y los sentimientos de las personas que les rodean como consecuencia del desarrollo de la sensibilidad y de los procesos emocionales ante la disminución de la memoria y de las capacidades del pensamiento.

El apoyo de una residencia especializada en Alzheimer

A pesar del esfuerzo de las familias y los cuidadores, la salud del enfermo puede agravarse, y en estos casos, la mejor solución para asegurarnos de que reciben la atención y cuidados adecuados es el ingreso en una residencia especializada en Alzheimer. Durante su estancia en la residencia están atendidos por personal especializado y cualificado. Además, las residencias disponen de espacios adaptados a sus necesidades y ofrecen terapias y actividades dedicadas exclusivamente a mejorar el bienestar y la salud del residente. 

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Las residencias especializadas en Alzheimer del Grupo Colisée disponen de espacios adaptados para personas con deterioro cognitivo, como las unidades de vida protegida. En estos espacios se integran elementos de estimulación sensorial y de reminiscencia. Además, disponen de dispositivos tecnológicos que aseguran una estancia favorecedora para los residentes con moderadas o grandes afectaciones cognitivas. 

Asimismo, algunos de los centros del grupo Colisée están ubicados en entornos rodeados de naturaleza, lo que muchas veces puede ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas afectadas. 

Finalmente, uno de los factores vitales de las residencias es el equipo humano que las conforman. Además de contar con una amplia experiencia y una formación continuada para el cuidado de las personas que sufren esta condición, destaca el respeto, la consideración, el afecto y la dignidad desde la que atienden a cada uno de los pacientes. Y por eso, el ingreso en un centro para personas con Alzheimer se convierte en la mejor opción como garantía de su bienestar físico y emocional. 

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